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HEXAGRAMA EDITORES
Es una editorial conformada por un equipo interdisciplinario de larga trayectoria y un stock de publicaciones de impacto en el mundo editorial.
​Actualmente suma alrededor de 150 obras entre libros de lujo, rústicos y colecciones, así como un amplio fondo de publicaciones universitarias y académicas, de las cuales un premio nacional, dos reconocimientos a la calidad y varios best seller por ventas durante 17 años consecutivos. Cuenta con 15 años de trabajo periodístico en los medios más relevantes de Colombia y gran despliegue de ventas tanto de sus libros como de revistas en España y América Latina.
​
Equipo estructural de Hexagrama Editores: 

​BERNARDA RODRÍGUEZ
Comunicadora social: autora de temas sobre infancia y adolescencia, editora de textos, gestora de producto editorial virtual e impreso.

  • CLAUDIA ACUÑA
  • Diseñadora gráfica: creativa de concepto gráfico, diagramadora, gestora de imagen corporativa y publicitaria, ilustradora.
  • ​
  • ANDRÉS LONDOÑO
  • Filósofo: autor de ensayos y reseñas literarias, editor de textos académicos, investigador en áreas de humanidades, artes y ciencias sociales, corrector de estilo, traductor de inglés y francés.

May 19th, 2018

19/5/2018

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La misión de preservar los dones infantiles:
EL CONOCIMIENTO SILENCIOSO DE LOS NIÑOS

Por Bernarda Rodríguez Betancur

¿De qué están hablando los creativos de materiales para niños? Hablan de que, ya sea desde los avances científicos o a partir del desarrollo de la percepción, mediante disciplinas y meditación, el humano de hoy se está conectando con su historia genética ‘energética’. Antes de que el humano eligiera servirse de la razón de manera predominante, estaba alineado con la energía cósmica como hijo que es de ésta, pero al abandonar la preponderancia inicial, que era la percepción, la especie comienza a desalinearse de ese principio natural y a olvidar o a desconocer la riqueza que contenía su ADN. 

Expandir la conciencia demanda silencio interior. El tiempo que se dedica a acallar el diálogo interno es acumulable, y tanto como se acumule progresivamente, asimismo arroja resultados en términos de nuevas experiencias de la percepción extrasensorial, ya que la práctica de silenciar la razón permite que la composición energética que es el ser humano abra las vías propias de otras opciones inherentes a su ADN como lo son las concernientes a la percepción. 

Los niños, sin embargo, tienen activas sus posibilidades perceptuales desde que nacen pero el aprendizaje que obtienen de sus cuidadores les va sacando a relieve como por efecto de un colador, todo cuanto es aceptado por la razón, lo que los antiguos llamarían el “inventario de la razón”, descartando así otros campos de visión y de atención, hasta que el niño hacia los 5 o 6 años ya no los tiene en cuenta y con ello su pensamiento y comprensión entra a consolidarse en el consenso general de sus congéneres. 

Cada vez con mayor frecuencia se presentan casos de pequeños que por sí solos conservan todo su potencial o vislumbres de éste, y al no encajar en las líneas anquilosadas y simplistas, diríase aceptadas y diplomáticas, son diagnosticados con toda clase de obtusas etiquetas para las cuales también se tiene gran vademécum de opciones farmacéuticas que finalmente logran uno de varios alcances: minar la enormidad perceptual con la que venía el niño, encasillarlo en estándares masivos y lineales, apocarlo mientras sicólogos, siquiatras, padres y demás adultos le insisten en que no es como los otros, generarle peligrosas neurosis, o reducirlo a una mínima expresión de molde humano.     

En un alerta frente a dicha situación, es de vital importancia saber que la información que se obtiene sobre el desarrollo de la percepción ayuda a encausar de nuevo la alineación energética y originaria del ser humano, es decir a expandir la conciencia, en aras de activar el segundo campo de atención, y éste es justamente el que permite emerger los dones extrasensoriales inherentes al ser humano, y por consiguiente, enseña a observar a un niño para ayudarle a preservar y a desarrollar su potencial. Veamos manifestaciones de un niño en particular, Jerónimo, que nos enseñan a observar atisbos de percepción en los niños:

El rostro del cuerpo que duerme

“Anoche fui a tu habitación y te vi dos veces, porque estabas dormida pero también subías al estudio; éramos dos más dos porque yo te seguí y cuando crucé por mi cuarto allí estaba yo dormido, estuvimos dormidos y también leyendo”.

El desdoblamiento es una situación en la que el cuerpo energético se desprende del cuerpo físico; todas las personas lo hacen mientras duermen sin que sean conscientes de ello; su razón en quietud permite la activación de la percepción en una experiencia humana recurrente. El mérito reside en hacerlo de manera consciente e ir con el cuerpo energético a explorar cualquier circunstancia y una vez obtenido el cometido, volver al cuerpo físico para recordar el evento una vez hemos despertado.
Un ejercicio que da resultado tarde o temprano es el de pronunciar la intención que se pretende lograr durante el desdoblamiento, varias veces y en voz alta, previamente habiéndose relajado en posición cómoda y suelta, por ejemplo: esta noche estoy viajando sobre valles y recorriendo 18 kilómetros hasta llegar a la cabaña azul del río Teusacá. La orden se pronuncia en tiempo presente porque en términos de percepción el tiempo y el espacio son relativos o irrelevantes, debido a que el ser energético tiene acceso a la atemporalidad y a la omnipresencia, entre múltiples posibilidades de poder. Situar la orden en futuro dificulta el proceso a partir del cual el inconsciente asume esa potencial realidad.
​Al niño que protagoniza el suceso descrito nunca se le ha dicho que el desdoblamiento es imposible o que debió tratarse de un sueño, y ello ha contribuido a que su razón no discrepe con su percepción en términos de lo que es válido o no a nivel energético.    

*********

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Retrato entre dos mundos sin tiempo ni espacio

El dibujo refleja una sesión de meditación hecha en un salón amueblado y ricamente decorado. Es su percepción de la meditación, porque lo cierto es que este pequeño no entra en silencio interior en estas sesiones, ya que su actitud inquieta, natural en los niños, lo impulsa a levantar su antifaz recurrentemente para mirar de soslayo; no obstante el ejercicio incursiona en la disciplina tendiente a acallar el diálogo interno y el resultado es una captación que le dicta su composición energética ancestral mediante el lenguaje de su inconsciente, lo que llamarían los antiguos toltecas, “conocimiento silencioso”.

La madre se encuentra sentada y abrigada con una manta, que no es rosa pero él la colorea así; él se halla acostado en una superficie cómoda cuya manta tampoco es azul en realidad, pero que él asuma esos colores indica que no tiene discrepancias con los roles masculino y femenino.
El ambiente natural por el que reemplaza la realidad material del espacio atañe a su conexión con la tierra, con los elementos, con el Universo, comunicando el hecho de que se siente parte integral del mismo. La luna y el sol simbolizan la atemporalidad propia del silencio interno y de las insospechadas posibilidades a que tiene acceso la percepción humana.
El único objeto racional presente, además de las mantas y de las superficies que los soportan a ambos, es el candelabro que aguanta la vela, a su izquierda, simbolizando la convicción intrínseca que el pequeño tiene respecto de que el fuego es energía purificadora; la vela la sitúa justamente debajo de la densa línea negra, porque si bien no se trata del sol, sí es un representante natural del mismo.
Podríamos esperar que dado el entorno natural que pinta, también el piso fuera un césped, pero su inconsciente sabe que esa marcada línea divide dos dimensiones: la del mundo de la percepción y la del universo de la razón, que justamente deja en blanco porque es la que desaparece cuando se logra silenciar el diálogo interno. Ese espacio blanco, según aseguró el niño, es el piso del salón y lo corrobora el hecho de que la vela se encuentre en ese lugar, bajo la línea negra.
¿Qué son las líneas amarillas? Fue la pregunta para el niño. “Es la energía, está en el invisible”. La energía tal como fluye del Universo puede verse en meditación aunque cuando se ha seguido el ‘camino del guerrero’, que implica exigente entrega y disciplina, ver la energía es un don perceptual que acompaña al individuo de manera permanente o deliberada.
Él se dibuja más grande por razones relacionadas con el tema de su negativa a acogerse a las normas. Lo cual puede traducirse como un gran ‘problema’ en el cotidiano, pero algo muy asociado con el desarrollo de la percepción es la tarea de desajustar las rutinas. Lo cierto es que romper las rutinas le da vía libre al desplazamiento de la percepción, ya que la rigidez en las rutinas y parámetros que la razón ha establecido, impide que la percepción se aventure en el insospechado e inabarcable universo de lo desconocido.


*********
Vínculos que teje la conciencia 

“Sueño que alguien me dice: ‘Para recordar los sueños debes gatear”.
(El niño está a un mes de cumplir 7 años).


Este sueño tiene una significación potencialmente psíquica, en la que su inconsciente le dice al niño que los sueños son una vía de acceso determinante hacia la salvaguarda de su poder personal, de sus dones psíquicos; le está indicando que no los deje de recordar, tal y como lo hacía cuando era más pequeño. Es decir, cuando su razón no estaba decididamente instalada, de manera que su percepción deambulaba libremente por su cuerpo, permitiéndole entrar en dimensiones insospechadas a las que el adulto común ya no tiene acceso, debido justamente al adormecimiento de la percepción. Esta infortunada transformación causada por la fuerza de la razón, y que nos lleva al consenso general sobre los parámetros humanos, tiene lugar entre los 4 y 7 años de edad.
Al día siguiente del sueño, el niño encuentra en el colegio un anillo violeta en forma de lagarto. Él mismo lo asocia con el anillo de dragón que en la película El aprendiz de brujo le ponen al ‘Auténtico merliniano’, y que esa misma semana ha visto en el cine. Lo cierto es que el lagarto, para los antiguos indios americanos yaquis, lakotas, aztecas, cheroquis, mayas, cheyenes, es el animal que provee la medicina dictada en sueños: “El lagarto es el rey de los sueños y te dice que si lo sueñas, será, por ello debes recordarlos”.

​Así, podríamos asegurar que este sueño, tanto como el anillo, fueron verdaderos regalos de cumpleaños que el Espíritu le obsequió al pequeño, no por nada el anillo era violeta, color de la espiritualidad y el renacimiento, al igual que el número 7 es un portal.   
********* 
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Adivinando el rostro de Mescalito 

La madre se encuentra leyendo a Carlos Castaneda, el antropólogo que fue instruido en el desarrollo de la percepción y el poder personal, por el nagual yaqui Juan Matus. El libro cuenta su primer encuentro con Mescalito (peyote), la planta de poder que mueve el punto de encaje energético en el ser humano, lo que a su vez permite el acceso a vislumbres de la percepción. De pronto se acerca el niño y le entrega a la madre un dibujo que acaba de hacer: es el retrato fidedigno de la singular descripción que hace Castaneda a Don Juan acerca de la forma que adoptó Mescalito para presentársele durante la sesión, párrafo que ella está leyendo en ese instante.

La premonición o el acceso a otras mentes son cualidades humanas que hoy día denominamos ‘dones’ porque suele ser un humano particular el que las posee; su particularidad reside en el hecho de que ese individuo ha permitido que su percepción fluya y actúe de manera natural, y lo natural contradice a la razón; lo natural es entendernos como lo que somos: energía pura sin límites de tiempo ni espacio; de ahí que personas muy convencionales, racionales y aplicadas en el mundo cotidiano, que es casi toda la gente, tengan sueños premonitorios por ejemplo. Ello se debe a que durante el sueño la razón descansa y la percepción emerge generando información futura, y esto es porque el tiempo y el espacio son convenciones que decretó la razón pero para la percepción no hay decretos ni fórmulas.
Claro, contradecir a la razón no es lo mismo que sacrificarla, la unidad del ser consiste en convivir armoniosa, sana y poderosamente en equilibrio mental y perceptual.


*********
Programando el sueño

Antes de ir a dormir, el niño ha comido chocolate hasta la saciedad. Mientras es abrigado por la madre, él relata un extenso soliloquio sobre lo que soñará impregnado de chocolate; dice que ha comido tanto chocolate que soñará castillos, paredes, camas, agua, cielo, juguetes, libros…, todo será de chocolate. 

Cuando se levanta anuncia su sueño sorprendido: “todo era de chocolate, absolutamente todo, mi cama, las cobijas, hasta el césped, los pájaros y todos los objetos electrónicos”.
El pequeño, en efecto, programó su sueño, lo que sugiere un movimiento directo desde el consciente al inconsciente, sin técnicas ni medios que propiciaran tal resultado.
Los sueños constituyen una autopista hacia el desarrollo del poder personal, es decir, los dones surgidos de la percepción. Uno de los ejercicios preliminares que permiten el acceso al control de los sueños es el de darse la orden, antes de dormir, de verse las manos durante el sueño; mientras se emite la orden se visualizan las manos, y luego, durante el sueño, si es logrado el cometido de verse las manos, debe continuarse con el segundo ejercicio, que es llevar la mirada a otro punto del sueño unos instantes y volver a las manos, repitiendo esto tantas veces como sea posible. Obtener este resultado puede tomar una noche o años. Todo depende del empeño del practicante.
Una vez se ha logrado el control del ejercicio, lo cual implica que se es consciente de estar durmiendo, debe escogerse un lugar conocido y buscarlo en los sueños hasta hallarlo. A esta altura, el sueño ya se ha convertido en una fuente de aventuras sin parangón que llevan a lo que se conoce como ‘experiencias fuera del cuerpo’, porque cuando se obtiene el control de lo que sucede en los sueños, es posible usarlos para vivir inolvidables e insospechadas experiencias, tales como viajar a cualquier lugar fuera o dentro del planeta, hacer averiguaciones puntuales, adquirir conocimientos de poder perceptual y, en general, incursionar en diversas densidades energéticas.


*********
Información de brujos

“Sueño con un vampiro; yo me asusto y sé que debo despertar y que si al sentarme no me hundo es porque estoy despierto”. 

Este sueño suministra una información que tiene más de cinco mil años de antigüedad y que los indios yaquis recibieron de los antiguos toltecas. Se trata de cómo detectar si se está ensoñando o soñando. Tal como lo describe el niño es el procedimiento.
El ensueño es una modalidad que involucra la realidad ordinaria y puede entrarse en él despiertos o dormidos. Que el inconsciente del pequeño haya traído esta información desconocida por el mismo niño en estado de vigilia, indica que él ya tiene ese conocimiento en su condición energética y genética, es decir, él ya ha vivido en otro momento de su proceso de conciencia la experiencia de la ensoñación y de sus técnicas, puesto que sabe cómo reconocer si está ensoñando o está despierto. Ensoñar es una habilidad natural del ser humano que puede ser desarrollada mediante disciplinas rigurosas de meditación en silencio interior y acopio de energía a partir de diversas prácticas. Es un portal al que accede la percepción y tras el cual es posible efectuar múltiples acciones y aprendizajes de toda índole ya que en estado de ensueño la conciencia se halla acrecentada, razón por la cual las limitantes de la razón no existen, cobrando así el potencial humano alcances monumentales.


*********
Encuentro con un fantasmita

El niño de 4 años va con su mamá bordeando su casa de campo; son las 9:30 de la noche. Hace seis meses falleció una pariente que vivía en otra ciudad, a quien el pequeño no conocía ni cuyo nombre había oído. 

Caminan, la madre en su letanía cósmica y él en la suya; él va hablando incesantemente con los árboles; les adjudica nombres que carecen de semántica lingüística reconocible para la madre, tales como Chalintuntin, Budimliru, Neduratium, etc., cada árbol es nombrado y en medio de unos doce árboles uno de ellos recibe el nombre de la que para el niño es una desconocida familiar fallecida; continúa bautizando a los árboles y la madre entonces lo interroga sobre el nombre pronunciado, él dice: “Ese árbol tiene el pelo hasta sus nalguitas y ríe mucho”.
La chica que se presentó al niño encarnando al árbol tuvo sus cabellos excesivamente largos pero la penosa enfermedad a la que sucumbió demandó de ella todo tipo de sacrificios y uno de ellos fue la caída casi total del pelo.
Días más tarde, la madre lo está bañando y el pequeño recibe dos golpecillos en su brazo y cabeza; él se enfada con su madre, pero ella sabe que es el mismo ser que él vio entre los árboles la otra noche.

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Alerta frente a sensibilidad extrasensorial

El niño, recién cumplidos 8 años, sueña que mira con mucho detenimiento a numerosos lagartos.​ 

Al día siguiente llega del colegio a la oficina de la madre, intrigado por su sueño, le pide un voluminoso diccionario de símbolos que ella tiene allí, se detiene en éste y una vez ha leído largamente sobre el lagarto, pide otro libro en el que se dice qué tipo de medicina poseía el lagarto para los indios americanos; finalmente el pequeño se da a la tarea resuelta de hacer este dibujo.
Su insistencia al buscar datos sobre el animal es el mismo énfasis que muestra en el sueño al examinarlos, por lo que el sueño es una premonición sobre su posterior investigación, pero al tiempo es una búsqueda de conocimiento que hace su espíritu, ya que una premonición sobre una puntual investigación que en efecto él hace tras el sueño no es un mensaje sin propósito que deseara emitir el inconsciente del niño sino un empujón para que recibiera la información que halló sobre el lagarto: el lagarto es para la cultura occidental arquetipo de búsqueda de luz, es el animal que se tumba al sol, y soñar con él simboliza una situación interna que requiere ser resuelta con afecto, fuente de energía vital para todo niño, como la energía vital del humano es el sol en su medida calórica exacta. Para los indios americanos el lagarto simboliza la sombra donde residen los sueños y para ellos los sueños eran su vehículo para ir al futuro, para ver lo que acontecería, ellos decían “suéñalo y será”.
​El inconsciente del pequeño señala que la denodada búsqueda que él hace en los libros sobre un animal que soñó y que justamente simboliza a los sueños mismos desde la perspectiva premonitoria le indica al niño que no debe ignorar sus sueños porque son lúcidos y con el tiempo pueden ser una invaluable vía hacia el desarrollo de sus dones perceptivos.

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​Actualmente suma alrededor de 150 obras entre libros de lujo, rústicos y colecciones, así como un amplio fondo de publicaciones universitarias y académicas, de las cuales un premio nacional, dos reconocimientos a la calidad y varios best seller por ventas durante 17 años consecutivos. Cuenta con 15 años de trabajo periodístico en los medios más relevantes de Colombia y gran despliegue de ventas tanto de sus libros como de revistas en España y América Latina.
​
Equipo estructural de Hexagrama Editores: 

​BERNARDA RODRÍGUEZ
Comunicadora social: autora de temas sobre infancia y adolescencia, editora de textos, gestora de producto editorial virtual e impreso.

CLAUDIA ACUÑA Diseñadora gráfica: creativa de concepto gráfico, diagramadora, gestora de imagen corporativa y publicitaria, ilustradora. ​ ANDRÉS LONDOÑO Filósofo: autor de ensayos y reseñas literarias, editor de textos académicos, investigador en áreas de humanidades, artes y ciencias sociales, corrector de estilo, traductor de inglés y francés. ESPACIADOR LAS OPINIONES DE LOS BLOGUEROS SON DE SU ESTRICTA RESPONSABILIDAD
​Y NO REPRESENTAN LA OPINIÓN DE ESTE PORTAL.


May 02nd, 2018 5/2/2018 0 Comentarios
  La misión de preservar los dones infantiles:
EL CONOCIMIENTO SILENCIOSO DE LOS NIÑOS

Por Bernarda Rodríguez Betancur

¿De qué están hablando los creativos de materiales para niños? Hablan de que, ya sea desde los avances científicos o a partir del desarrollo de la percepción, mediante disciplinas y meditación, el humano de hoy se está conectando con su historia genética ‘energética’. Antes de que el humano eligiera servirse de la razón de manera predominante, estaba alineado con la energía cósmica como hijo que es de ésta, pero al abandonar la preponderancia inicial, que era la percepción, la especie comienza a desalinearse de ese principio natural y a olvidar o a desconocer la riqueza que contenía su ADN. 

Expandir la conciencia demanda silencio interior. El tiempo que se dedica a acallar el diálogo interno es acumulable, y tanto como se acumule progresivamente, asimismo arroja resultados en términos de nuevas experiencias de la percepción extrasensorial, ya que la práctica de silenciar la razón permite que la composición energética que es el ser humano abra las vías propias de otras opciones inherentes a su ADN como lo son las concernientes a la percepción. 

Los niños, sin embargo, tienen activas sus posibilidades perceptuales desde que nacen pero el aprendizaje que obtienen de sus cuidadores les va sacando a relieve como por efecto de un colador, todo cuanto es aceptado por la razón, lo que los antiguos llamarían el “inventario de la razón”, descartando así otros campos de visión y de atención, hasta que el niño hacia los 5 o 6 años ya no los tiene en cuenta y con ello su pensamiento y comprensión entra a consolidarse en el consenso general de sus congéneres. 

Cada vez con mayor frecuencia se presentan casos de pequeños que por sí solos conservan todo su potencial o vislumbres de éste, y al no encajar en las líneas anquilosadas y simplistas, diríase aceptadas y diplomáticas, son diagnosticados con toda clase de obtusas etiquetas para las cuales también se tiene gran vademécum de opciones farmacéuticas que finalmente logran uno de varios alcances: minar la enormidad perceptual con la que venía el niño, encasillarlo en estándares masivos y lineales, apocarlo mientras sicólogos, siquiatras, padres y demás adultos le insisten en que no es como los otros, generarle peligrosas neurosis, o reducirlo a una mínima expresión de molde humano.     

En un alerta frente a dicha situación, es de vital importancia saber que la información que se obtiene sobre el desarrollo de la percepción ayuda a encausar de nuevo la alineación energética y originaria del ser humano, es decir a expandir la conciencia, en aras de activar el segundo campo de atención, y éste es justamente el que permite emerger los dones extrasensoriales inherentes al ser humano, y por consiguiente, enseña a observar a un niño para ayudarle a preservar y a desarrollar su potencial. Veamos manifestaciones de un niño en particular, Jerónimo, que nos enseñan a observar atisbos de percepción en los niños:

El rostro del cuerpo que duerme

“Anoche fui a tu habitación y te vi dos veces, porque estabas dormida pero también subías al estudio; éramos dos más dos porque yo te seguí y cuando crucé por mi cuarto allí estaba yo dormido, estuvimos dormidos y también leyendo”.

El desdoblamiento es una situación en la que el cuerpo energético se desprende del cuerpo físico; todas las personas lo hacen mientras duermen sin que sean conscientes de ello; su razón en quietud permite la activación de la percepción en una experiencia humana recurrente. El mérito reside en hacerlo de manera consciente e ir con el cuerpo energético a explorar cualquier circunstancia y una vez obtenido el cometido, volver al cuerpo físico para recordar el evento una vez hemos despertado.
Un ejercicio que da resultado tarde o temprano es el de pronunciar la intención que se pretende lograr durante el desdoblamiento, varias veces y en voz alta, previamente habiéndose relajado en posición cómoda y suelta, por ejemplo: esta noche estoy viajando sobre valles y recorriendo 18 kilómetros hasta llegar a la cabaña azul del río Teusacá. La orden se pronuncia en tiempo presente porque en términos de percepción el tiempo y el espacio son relativos o irrelevantes, debido a que el ser energético tiene acceso a la atemporalidad y a la omnipresencia, entre múltiples posibilidades de poder. Situar la orden en futuro dificulta el proceso a partir del cual el inconsciente asume esa potencial realidad.
​Al niño que protagoniza el suceso descrito nunca se le ha dicho que el desdoblamiento es imposible o que debió tratarse de un sueño, y ello ha contribuido a que su razón no discrepe con su percepción en términos de lo que es válido o no a nivel energético.    

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Retrato entre dos mundos sin tiempo ni espacio

El dibujo refleja una sesión de meditación hecha en un salón amueblado y ricamente decorado. Es su percepción de la meditación, porque lo cierto es que este pequeño no entra en silencio interior en estas sesiones, ya que su actitud inquieta, natural en los niños, lo impulsa a levantar su antifaz recurrentemente para mirar de soslayo; no obstante el ejercicio incursiona en la disciplina tendiente a acallar el diálogo interno y el resultado es una captación que le dicta su composición energética ancestral mediante el lenguaje de su inconsciente, lo que llamarían los antiguos toltecas, “conocimiento silencioso”.

La madre se encuentra sentada y abrigada con una manta, que no es rosa pero él la colorea así; él se halla acostado en una superficie cómoda cuya manta tampoco es azul en realidad, pero que él asuma esos colores indica que no tiene discrepancias con los roles masculino y femenino.
El ambiente natural por el que reemplaza la realidad material del espacio atañe a su conexión con la tierra, con los elementos, con el Universo, comunicando el hecho de que se siente parte integral del mismo. La luna y el sol simbolizan la atemporalidad propia del silencio interno y de las insospechadas posibilidades a que tiene acceso la percepción humana.
El único objeto racional presente, además de las mantas y de las superficies que los soportan a ambos, es el candelabro que aguanta la vela, a su izquierda, simbolizando la convicción intrínseca que el pequeño tiene respecto de que el fuego es energía purificadora; la vela la sitúa justamente debajo de la densa línea negra, porque si bien no se trata del sol, sí es un representante natural del mismo.
Podríamos esperar que dado el entorno natural que pinta, también el piso fuera un césped, pero su inconsciente sabe que esa marcada línea divide dos dimensiones: la del mundo de la percepción y la del universo de la razón, que justamente deja en blanco porque es la que desaparece cuando se logra silenciar el diálogo interno. Ese espacio blanco, según aseguró el niño, es el piso del salón y lo corrobora el hecho de que la vela se encuentre en ese lugar, bajo la línea negra.
¿Qué son las líneas amarillas? Fue la pregunta para el niño. “Es la energía, está en el invisible”. La energía tal como fluye del Universo puede verse en meditación aunque cuando se ha seguido el ‘camino del guerrero’, que implica exigente entrega y disciplina, ver la energía es un don perceptual que acompaña al individuo de manera permanente o deliberada.
Él se dibuja más grande por razones relacionadas con el tema de su negativa a acogerse a las normas. Lo cual puede traducirse como un gran ‘problema’ en el cotidiano, pero algo muy asociado con el desarrollo de la percepción es la tarea de desajustar las rutinas. Lo cierto es que romper las rutinas le da vía libre al desplazamiento de la percepción, ya que la rigidez en las rutinas y parámetros que la razón ha establecido, impide que la percepción se aventure en el insospechado e inabarcable universo de lo desconocido.


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Vínculos que teje la conciencia 

“Sueño que alguien me dice: ‘Para recordar los sueños debes gatear”.
(El niño está a un mes de cumplir 7 años).


Este sueño tiene una significación potencialmente psíquica, en la que su inconsciente le dice al niño que los sueños son una vía de acceso determinante hacia la salvaguarda de su poder personal, de sus dones psíquicos; le está indicando que no los deje de recordar, tal y como lo hacía cuando era más pequeño. Es decir, cuando su razón no estaba decididamente instalada, de manera que su percepción deambulaba libremente por su cuerpo, permitiéndole entrar en dimensiones insospechadas a las que el adulto común ya no tiene acceso, debido justamente al adormecimiento de la percepción. Esta infortunada transformación causada por la fuerza de la razón, y que nos lleva al consenso general sobre los parámetros humanos, tiene lugar entre los 4 y 7 años de edad.
Al día siguiente del sueño, el niño encuentra en el colegio un anillo violeta en forma de lagarto. Él mismo lo asocia con el anillo de dragón que en la película 
El aprendiz de brujo le ponen al ‘Auténtico merliniano’, y que esa misma semana ha visto en el cine. Lo cierto es que el lagarto, para los antiguos indios americanos yaquis, lakotas, aztecas, cheroquis, mayas, cheyenes, es el animal que provee la medicina dictada en sueños: “El lagarto es el rey de los sueños y te dice que si lo sueñas, será, por ello debes recordarlos”.
​Así, podríamos asegurar que este sueño, tanto como el anillo, fueron verdaderos regalos de cumpleaños que el Espíritu le obsequió al pequeño, no por nada el anillo era violeta, color de la espiritualidad y el renacimiento, al igual que el número 7 es un portal.   

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Adivinando el rostro de Mescalito 

La madre se encuentra leyendo a Carlos Castaneda, el antropólogo que fue instruido en el desarrollo de la percepción y el poder personal, por el nagual yaqui Juan Matus. El libro cuenta su primer encuentro con Mescalito (peyote), la planta de poder que mueve el punto de encaje energético en el ser humano, lo que a su vez permite el acceso a vislumbres de la percepción. De pronto se acerca el niño y le entrega a la madre un dibujo que acaba de hacer: es el retrato fidedigno de la singular descripción que hace Castaneda a Don Juan acerca de la forma que adoptó Mescalito para presentársele durante la sesión, párrafo que ella está leyendo en ese instante.

La premonición o el acceso a otras mentes son cualidades humanas que hoy día denominamos ‘dones’ porque suele ser un humano particular el que las posee; su particularidad reside en el hecho de que ese individuo ha permitido que su percepción fluya y actúe de manera natural, y lo natural contradice a la razón; lo natural es entendernos como lo que somos: energía pura sin límites de tiempo ni espacio; de ahí que personas muy convencionales, racionales y aplicadas en el mundo cotidiano, que es casi toda la gente, tengan sueños premonitorios por ejemplo. Ello se debe a que durante el sueño la razón descansa y la percepción emerge generando información futura, y esto es porque el tiempo y el espacio son convenciones que decretó la razón pero para la percepción no hay decretos ni fórmulas.
Claro, contradecir a la razón no es lo mismo que sacrificarla, la unidad del ser consiste en convivir armoniosa, sana y poderosamente en equilibrio mental y perceptual.


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Programando el sueño

Antes de ir a dormir, el niño ha comido chocolate hasta la saciedad. Mientras es abrigado por la madre, él relata un extenso soliloquio sobre lo que soñará impregnado de chocolate; dice que ha comido tanto chocolate que soñará castillos, paredes, camas, agua, cielo, juguetes, libros…, todo será de chocolate. 

Cuando se levanta anuncia su sueño sorprendido: “todo era de chocolate, absolutamente todo, mi cama, las cobijas, hasta el césped, los pájaros y todos los objetos electrónicos”.
El pequeño, en efecto, programó su sueño, lo que sugiere un movimiento directo desde el consciente al inconsciente, sin técnicas ni medios que propiciaran tal resultado.
Los sueños constituyen una autopista hacia el desarrollo del poder personal, es decir, los dones surgidos de la percepción. Uno de los ejercicios preliminares que permiten el acceso al control de los sueños es el de darse la orden, antes de dormir, de verse las manos durante el sueño; mientras se emite la orden se visualizan las manos, y luego, durante el sueño, si es logrado el cometido de verse las manos, debe continuarse con el segundo ejercicio, que es llevar la mirada a otro punto del sueño unos instantes y volver a las manos, repitiendo esto tantas veces como sea posible. Obtener este resultado puede tomar una noche o años. Todo depende del empeño del practicante.
Una vez se ha logrado el control del ejercicio, lo cual implica que se es consciente de estar durmiendo, debe escogerse un lugar conocido y buscarlo en los sueños hasta hallarlo. A esta altura, el sueño ya se ha convertido en una fuente de aventuras sin parangón que llevan a lo que se conoce como ‘experiencias fuera del cuerpo’, porque cuando se obtiene el control de lo que sucede en los sueños, es posible usarlos para vivir inolvidables e insospechadas experiencias, tales como viajar a cualquier lugar fuera o dentro del planeta, hacer averiguaciones puntuales, adquirir conocimientos de poder perceptual y, en general, incursionar en diversas densidades energéticas.


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Este sueño suministra una información que tiene más de cinco mil años de antigüedad y que los indios yaquis recibieron de los antiguos toltecas. Se trata de cómo detectar si se está ensoñando o soñando. Tal como lo describe el niño es el procedimiento.
El ensueño es una modalidad que involucra la realidad ordinaria y puede entrarse en él despiertos o dormidos. Que el inconsciente del pequeño haya traído esta información desconocida por el mismo niño en estado de vigilia, indica que él ya tiene ese conocimiento en su condición energética y genética, es decir, él ya ha vivido en otro momento de su proceso de conciencia la experiencia de la ensoñación y de sus técnicas, puesto que sabe cómo reconocer si está ensoñando o está despierto. Ensoñar es una habilidad natural del ser humano que puede ser desarrollada mediante disciplinas rigurosas de meditación en silencio interior y acopio de energía a partir de diversas prácticas. Es un portal al que accede la percepción y tras el cual es posible efectuar múltiples acciones y aprendizajes de toda índole ya que en estado de ensueño la conciencia se halla acrecentada, razón por la cual las limitantes de la razón no existen, cobrando así el potencial humano alcances monumentales.


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Encuentro con un fantasmita

El niño de 4 años va con su mamá bordeando su casa de campo; son las 9:30 de la noche. Hace seis meses falleció una pariente que vivía en otra ciudad, a quien el pequeño no conocía ni cuyo nombre había oído. 

Caminan, la madre en su letanía cósmica y él en la suya; él va hablando incesantemente con los árboles; les adjudica nombres que carecen de semántica lingüística reconocible para la madre, tales como Chalintuntin, Budimliru, Neduratium, etc., cada árbol es nombrado y en medio de unos doce árboles uno de ellos recibe el nombre de la que para el niño es una desconocida familiar fallecida; continúa bautizando a los árboles y la madre entonces lo interroga sobre el nombre pronunciado, él dice: “Ese árbol tiene el pelo hasta sus nalguitas y ríe mucho”.
La chica que se presentó al niño encarnando al árbol tuvo sus cabellos excesivamente largos pero la penosa enfermedad a la que sucumbió demandó de ella todo tipo de sacrificios y uno de ellos fue la caída casi total del pelo.
Días más tarde, la madre lo está bañando y el pequeño recibe dos golpecillos en su brazo y cabeza; él se enfada con su madre, pero ella sabe que es el mismo ser que él vio entre los árboles la otra noche.

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Alerta frente a sensibilidad extrasensorial

El niño, recién cumplidos 8 años, sueña que mira con mucho detenimiento a numerosos lagartos.​ 

Al día siguiente llega del colegio a la oficina de la madre, intrigado por su sueño, le pide un voluminoso diccionario de símbolos que ella tiene allí, se detiene en éste y una vez ha leído largamente sobre el lagarto, pide otro libro en el que se dice qué tipo de medicina poseía el lagarto para los indios americanos; finalmente el pequeño se da a la tarea resuelta de hacer este dibujo.
Su insistencia al buscar datos sobre el animal es el mismo énfasis que muestra en el sueño al examinarlos, por lo que el sueño es una premonición sobre su posterior investigación, pero al tiempo es una búsqueda de conocimiento que hace su espíritu, ya que una premonición sobre una puntual investigación que en efecto él hace tras el sueño no es un mensaje sin propósito que deseara emitir el inconsciente del niño sino un empujón para que recibiera la información que halló sobre el lagarto: el lagarto es para la cultura occidental arquetipo de búsqueda de luz, es el animal que se tumba al sol, y soñar con él simboliza una situación interna que requiere ser resuelta con afecto, fuente de energía vital para todo niño, como la energía vital del humano es el sol en su medida calórica exacta. Para los indios americanos el lagarto simboliza la sombra donde residen los sueños y para ellos los sueños eran su vehículo para ir al futuro, para ver lo que acontecería, ellos decían “suéñalo y será”.
​El inconsciente del pequeño señala que la denodada búsqueda que él hace en los libros sobre un animal que soñó y que justamente simboliza a los sueños mismos desde la perspectiva premonitoria le indica al niño que no debe ignorar sus sueños porque son lúcidos y con el tiempo pueden ser una invaluable vía hacia el desarrollo de sus dones perceptivos.

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Dejando a Saturno

“Él es un extraterrestre de Júpiter pero venía de Saturno; acabó de aterrizar”. Son las palabras del niño para describir su dibujo. 

El inconsciente del pequeño narra así una situación de su vida concreta mediante arquetipos ancestrales. Esa información ancestral la comparte la humanidad entera y de ahí que todos, en cada rincón del planeta soñemos igual; se trata del lenguaje del inconsciente, un idioma universal.
El dibujo es un mensaje de su inconsciente como lo sería cualquier sueño del niño. En éste, el extraterrestre es el niño, originario de Júpiter, planeta de expansión, abundancia, magnificencia y gran expresividad; acaba de llegar a la Tierra, procedente de Saturno, lo que refleja no sólo la procedencia universal y antigua de la conciencia energética del niño, sino además, el hecho de que en el aquí y ahora del pequeño (de ahí que ‘aterrice’) se está dando un cambio importante relacionado con una situación de carencia y rigor por la que venía pasando, pues el extraterrestre de Júpiter venía de Saturno, planeta que simboliza arquetípicamente disciplinas y exigencias; es decir, el pequeño es un ser con mucha riqueza interior que no obstante viene de un proceso difícil. El cambio lo ratifican los diez meteoritos presentes, ya que el número 10 simboliza un giro de acontecimientos, un nuevo eje de partida que es denominado por la cultura occidental como el movimiento de la Rueda de la fortuna; los 69 puntos que posee el dibujo representan retribuciones y conocimiento trascendente, según lo dictó para todo Occidente el antiguo Egipto, razón por la que la simbología de ese número hace parte también del acervo arquetípico e inconsciente de la humanidad, pero asimismo, ese número visualmente asociado no sólo es tremendamente connotativo de la matemática universal y la geometría sagrada sino que además representa el símbolo del infinito (∞).


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¿Deja-vú? O… ¿visión del futuro?

El niño está saltando sobre la cama y de pronto se detiene impactado porque cree estar repitiendo esa situación, mientras asegura: “Estoy repitiendo este tiempo, todo es igual, tú parada ahí con esa ropa, yo diciendo esto y saltando, las mismas cobijas, los pocillos con el mismo chocolate… no entiendo.

… Y nunca sabremos de qué se trató realmente la percepción obtenida, a menos que una experiencia de las que asociamos con los deja-vú sea puesta en proceso de meditación, o por cualquier otro canal nos llegue la información acerca de si lo que creemos haber vivido como deja-vú, fue una situación que ya vivimos, o que estamos viviendo en otra densidad energética, o la estaremos viviendo en el futuro, o bien, que nuestra percepción ya la había visto pero la razón impidió que se le diera crédito como visión premonitoria, y de ahí que la persona experimente una sensación de haber conocido esa misma circunstancia que se está sucediendo en ese instante.
El cuerpo energético tiene acceso a insondables ofertas de poder que los antiguos chamanes llamaron ‘lo desconocido’, y a ello se puede llegar mediante el despertar de la conciencia, esto es, del potencial perceptivo que nos conforma. Es una ‘realidad aparte’ a la que se accede logrando el movimiento del punto de encaje que los humanos mantenemos fijo en el lugar de la razón, de ahí que ésta haya alcanzado logros tan mayúsculos. Ese universo de ‘lo desconocido’ está plagado de posibilidades insospechadas.


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Contacto con el invisible

Madre e hijo están en casa viendo la película inspirada en un suceso real: ‘La mariposa azul’. La cinta cuenta la historia de un niño de diez años, enfermo terminal, cuyo último sueño es atrapar un ejemplar de la más hermosa mariposa del planeta, la mítica y única morpho azul. Dicho insecto se encuentra sólo en las selvas tropicales de América Central y del Sur; el chico viaja al lugar en compañía de un renombrado entomólogo con el propósito de obtener la mariposa, a la que el experto le adjudica poderes mágicos. Persiguiendo al ejemplar ambos caen en un hoyo, en el que queda atrapado el entomólogo; el chico se arrastra por la jungla y termina exhausto en medio de la noche; los espíritus de la selva lo visitan en su delirio febril y sanan su enfermedad; es un momento intenso, en especial para el pequeño que está viendo la película; se asusta y se tapa con las cobijas esperando que pase la escena, pero luego comienza a vociferar que ha visto miles de la misma mariposa dentro de las cobijas, están revoleteando y dejan líneas de luz.

Ver lo que se halla en lo que la razón considera ‘el invisible’ es una condición que todos poseemos, pero la razón está tan fijamente instalada en el esquema mental del humano contemporáneo, y esto es unos 10.000 años hasta hoy, que cada vez le resulta más difícil acceder a los nutridos mundos, imágenes, sensaciones, encuentros, dimensiones, etc. que coexisten en ese mal llamado ‘invisible’, propio de los linderos de la percepción humana.
Los niños son huéspedes de honor del invisible, ellos tienen experiencias perceptuales incesantemente sin impedimentos racionales, unos más que otros, hasta que el adulto que lo acompaña y guía por la vida, y este adulto es el colegio, la casa y toda situación cotidiana de interrelación, le deja claro que sólo existe y es válido lo que apreciamos todos por consenso general: la mesa, el árbol, la casa, el perro, el portátil, el lápiz, el vidrio, el humano y todo lo demás tal como hemos establecido que es física y materialmente.
De manera que hacia los 5 años de edad el niño está tan adiestrado sobre la materialidad propia de la razón que los vestigios de su ancestral percepción se han ido a dormitar en el lejano ático del inconsciente hasta nueva orden, es decir, hasta que en el mejor de los casos el niño en una edad posterior decide desempolvarla mediante trabajo riguroso.



​En el Universo… 

​Lo conocido o primera atención es lo que la razón constata en consenso; Lo desconocido o segunda atención es lo que arroja la expansión de la conciencia: el ejercicio de activar la percepción o de vigilar su florecimiento en los niños; Lo que no se puede conocer o tercera atención es lo que trasciende los límites humanos… pero seguramente habrá guerreros de la conciencia y la impecabilidad que lo hayan atestiguado. 
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May 19th, 2018

19/5/2018

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